JAVI HUERTAS – Chile

 

La serie, de Javi Huertas, presenta momentos capturados en plena acción o estados de los cuerpos que juegan y, descubiertos por la mirada de un voyeur que va pasando, quedan congelados en una imagen. Aquí, el tiempo de las posturas y la luz del instante son fundamentales. En contraste con otro tipo de fotografía más planeadas o meticulosamente posadas, nos encontramos con un fotógrafo que viaja como un voyeur fugaz, que pasa, entra a la habitación o desvía la mirada por el camino y se va, intentando no molestar, como un espía.

 

He allí una invitación a mirar el juego de los hombres. Ellos, en sus estados emocionales, en su relación, son los que generan un ambiente íntimo, y no al revés. No es el espacio el que les da el contexto, sino que los sujetos los que lo generan lo vuelven suyo, envueltos como están en su propio mundo. De allí que encontremos en estas fotos cierta narratividad: al momento de la foto sabemos que algo estaba sucediendo antes y que algo va a seguir pasando después, esto es solo un fragmento de tiempo. Los personajes, guiados por algún vínculo del momento, son orgánicos, situacionales, sutilmente teatrales, incluso rituales. Es un encuentro creativo de los cuerpos, emocional, donde la excitación posible no es ansiosa, sino más bien calma, retozante y sutil.

 

Los espacios son limpios, lugares de descanso o contemplación. Si el individuo aparece solo, parece estar satisfecho, tranquilo. En otros casos, lo vemos fragmentado. Al parecer, no tanto por el intento de demostrar en esa fragmentación una ruptura emocional, a modo de metáfora, sino porque se cuela nuevamente ese juego del voyeur, que no puede evitar que su mirada, ahora caleidoscópica, decida espiar la intimidad desde un juego de reflejos, manteniendo la distancia con sus focos de atención.

 

Entremedio de los cuerpos y sus ritos, se cuelan objetos que ayudan, telas plásticas que flotan como un espíritu de un juego bucólico moderno; humo blanco de alguna liturgia homoerótica; un manto o zapatillas para no tocar el suelo directamente, desnudos como están. Una luz, blanquecina y velada, riega el ambiente, fusionándose con la ternura hecha a la vez de rudeza y fragilidad. Luego del accionar, haberse tomado entre cuerpos, diferentes posturas y torciones, viene el descanso: esperar que se llene de agua la tina, tirarse sobre el pasto seco sin subirse todavía los shorts o pensar, bajo una luz violeta, en el reciente abrazo estrecho entre hombre que se quieren.

 

Javi Huertas’s series presents moments captured in action or states of the bodies that play and, discovered by the gaze of a passing voyeur, they are frozen in an image. Here, the time of the postures and the light of the moment are fundamental. In contrast to other types of photography more planned or meticulously posed, we find a photographer who travels like a fleeting voyeur, who passes, enters the room or looks away on the road and leaves, trying not to disturb, like a spy.

 

Here is an invitation to watch the men’s game. They, in their emotional states, in their relationship, are the ones that generate an intimate atmosphere, and not the other way around. It is not the space that gives them the context, but the subjects who generate it, make it their own, wrapped as they are in their own world. Hence, we find in these photos a certain narrative: at the moment of the photo we know that something was happening before and that something will continue to happen later, this is just a fragment of time. The characters, guided by some link of the moment, are organic, situational, subtly theatrical, even ritual. It is a creative, emotional meeting of the bodies, where the possible arousal is not anxious, but rather calm, frolicking and subtle.

 

The spaces are clean, places of rest or contemplation. If the individual appears alone, he seems satisfied, calm. In other cases, we see it fragmented. Apparently, not so much because of the attempt to demonstrate an emotional rupture in that fragmentation, as a metaphor, but because that voyeur game sneaks in again, which cannot prevent its now kaleidoscopic gaze from deciding to spy on intimacy from a game of reflections, keeping the distance with their focuses of attention.

 

In between the bodies and their rites, helpful objects slip through, plastic fabrics that float like a spirit of a modern bucolic game; white smoke from some homoerotic liturgy; a cloak or slippers so as not to touch the ground directly, naked as they are. A light, whitish and veiled, irrigates the environment, merging with the tenderness made at the same time of roughness and fragility. After the action, having taken between bodies, different postures and torsions, rest comes: waiting for the tub to fill with water, throwing yourself on the dry grass without still pulling up your shorts or thinking, under a purple light, about the recent close embrace between men who love each other.

 

 

 

Instagram: @javihuertasfoto