CHRISTIAN SANTIAGO – Puerto Rico

 

Christian Santiago, con la primera mirada a cualquiera de sus obras, nos aleja de la estética de “lo bello”, para invitarnos a la de lo grotesco, el horror y lo siniestro, sumándole, además, lo erótico y lo placentero. Algunos no querrán ni mirar y quizás se espanten, porque este atractivo horror de fantasía queer se aleja de la norma social, incluso de las del porno convencional. Encontramos en su trabajo, desde hombres hipermasculinos siendo dominados por hombres femeninos, hasta personas no binarias, mutantes, desnudas más allá de la piel, mostrando incluso órganos que no tienen, multiplicados en diversos rostros u ojos, como metáfora de aquellos deseos escondidos en el fondo de miles de cuerpos, los que -¿por qué no?- también pueden ser parte de nosotros, de lo que mantenemos oculto y que quizás no nace ni siquiera en la intimidad con otro.

 

Nos encontramos aquí que el cruce entre lo horrible, lo placentero y la violencia también pasa a ser bello. Es otro mundo, que nos aleja de la represión de la heteronorma, a través de la acumulación de pliegues, cortes en la piel y texturas rugosas en espacios oscuros, nocturnos, casi tan negros como el interior de nuestros propios cuerpos. Devela ante el espectador diferentes expresiones de lo erótico y lo sexual, en oposición a lo mismo, lo igual, lo de siempre, lo normal. Nos muestra sin tapujos el tabú, los instintos en estado puro.

 

En esta estética, que juega con la del cine de horror gringo, japonés y la novela gráfica, vemos como en un sueño y en palabras del mismo artista una “versión erótica de un subgénero del crimen (…) horror cósmico y mutación”, lleno de elementos sobrenaturales. Aquella definición de estas imágenes como sueño o pesadilla dependerá, sin embargo, del ojo que mire estos dibujos. De allí su controversia. Pero no sólo son escandalosos o controversiales: en ellos podemos encontrar también soledad, escenas en las que el cuerpo se ve abandonado en la oscuridad de la noche o de su propio interior, con miradas de ojos sombreados, cansados o drogados, y momentos en que esos mismos sujetos aparecen junto a quien comparten toda aquella intimidad, su soledad más primitiva.

 

De este modo, en aquel juego frenético de la tinta, entre pistolas, demonios, tentáculos, columnas vertebrales expuestas, huesos y cuchillos, lo fantástico se vuelve también ansiedad y miedos develados. Aquel apetito por lo filoso, lo que penetra sin permiso, la humillación o la dominación, lo monstruoso, lo insectario; todo ello forma una estética neobarroca de un erotismo oculto. Allí, donde las formas llenan los espacios no por ser grandes, sino por repetición, rugosidad y acumulación, se manifiesta el anhelo erótico como desesperación, como en una reproductibilidad imparable de goce, vulnerabilidad y violencia.

 

Finalmente, estos dibujos muestran otras posibilidades en las dinámicas de poder, de géneros mutables, donde el placer se encuentra con nuevas esquinas del cuerpo, guardado en aquellos lugares que parecen oscuros o indecorosos, pero en los que, si no exploramos, no podremos descubrirlos nunca, aquellas múltiples posibilidades de la realidad del placer. Estas obras de Christian Santiago gritan la aceptación y liberación de nuevos matices de la sexualidad y cruzan mucho más allá del límite de lo liso, lo llano y lo común.

 

Christian Santiago, with the first look at any of his works, takes us away from the aesthetics of “the beautiful”, to invite us to the grotesque, the horror and the sinister, adding, as well, the erotic and the pleasant. Some will not even want to watch and may be shocked, because this attractive queer fantasy horror is far from the social norm, even from conventional porn. We find in his work, from hyper-masculine men being dominated by feminine men, to non-binary people, mutants, naked beyond the skin, showing even organs that they do not have, multiplied in different faces or eyes, as a metaphor for those desires hidden in the background of thousands of bodies, which -why not?- can also be part of us, of what we keep hidden and that perhaps is not born even in intimacy with another.

 

We find here that the cross between the horrible, the pleasant and the violence also happens to be beautiful. It is another world, which takes us away from the repression of heteronorm, through the accumulation of folds, cuts in the skin and rough textures in dark, nocturnal spaces, almost as black as the interior of our own bodies. It reveals to the viewer different expressions of the erotic and the sexual, in opposition to the same, the iqual, the usual, the normal. He openly shows us the taboo, the instincts in their purest form.

 

In this aesthetic, which plays with the gringo and Japanese horror cinema and the graphic novel, we see, as in a dream and in the words of the artist himself, an “erotic version of a subgenre of crime (…) cosmic horror and mutation”, full of supernatural elements. The definition of these images as a dream or a nightmare will, however, depend on the eye that looks at these drawings. Hence their controversy. But they are not only scandalous or controversial: in them we can also find loneliness, scenes in which the body is seen abandoned in the dark of the night or of its own interior, with glances of shadowed, tired or drugged eyes, and moments in which those same subjects appear next to those who share all that intimacy, their most primitive loneliness.

 

In this way, in that frenzied game of ink, between guns, demons, tentacles, exposed spinal columns, bones and knives, the fantastic also becomes anxiety and unveiled fears. That appetite for the sharp, what penetrates without permission, humiliation or domination, the monstrous, the insectarian; all this forms a neo baroque aesthetic of a hidden eroticism. There, where the forms fill the spaces not because they are large, but because of repetition, roughness and accumulation, the erotic longing is manifested as despair, as in an unstoppable reproducibility of enjoyment, vulnerability and violence.

 

Finally, these drawings show other possibilities in the dynamics of power, of mutable genres, where pleasure meets new corners of the body, stored in those places that seem dark or unseemly, but in which, if we do not explore, we will never be able to discover them. Those multiple possibilities of the reality of pleasure. These works by Christian Santiago shout the acceptance and liberation of new nuances of sexuality and cross far beyond the limits of the smooth, the plain and the common.

 

 

 

Instagram: @lil_saantii