OSCAR MILANO – Venezuela

 

La sexualidad, el deseo y el placer fluyen, se encuentran y se alejan en un territorio vasto. Explorar ese territorio con una disposición lúdica y con arrojo puede ser una experiencia que nos permite conocer facetas de nosotros mismos interesantes de revisar. La serie que presenta Oscar Milano se pasea en ese territorio. Nos relata la dinámica del erotismo y la sexualidad desde el morbo, el bondage y la sumisión.

 

El shibari -arte de amarre japonés- al inmovilizar el cuerpo e impedir su movimiento, erotiza de una manera diferente, lejana quizás, la escena que el lente captura. La trama que se teje en el cuerpo nos habla del trabajo en el nudo, del tiempo que transcurre hasta que el cuerpo se detiene. Así, un elemento dentro del juego erótico se hace intensamente estético, sobre todo si pensamos que, al desanudar y conseguir la movilidad, se hace difícil olvidar la sensación de las cuerdas en la piel. Ese destiempo es lo que la fotografía de Oscar explora. El desajuste entre la detención y movimiento y, en esa relación, la complicidad de los cuerpos que participan.  La sutileza con que Oscar Milano construye esa narrativa tiene relación con los contrastes. La cuerda blanca que detiene e inmoviliza se contrapone al negro del cuero, otra amarra distinta, que nos empuja a la acción de manera radical, a obedecer, a soltar de manera consensuada el poder.

 

Fetichizar prácticas que pueden relacionarse de alguna manera con los discursos de la opresión, sobre todo en relación a las disidencias sexuales, ha sido una de las formas que la representación ha encontrado para resistir la hegemonía heteropatriarcal. Tom of Finland es un referente preciso para dar cuenta de ese movimiento.

 

La serie de fotografías de Oscar se inmiscuye dentro de esa tradición relevando el espacio íntimo donde el poder se negocia. Parece que los cuerpos se entregan a la confianza en el otro, al beso y la caricia, al afecto dentro del juego y la dinámica de roles. De esta manera la brutalidad en la sexualidad se atenúa, se enternece en el lenguaje de los cuerpos que saben y conocen, en lo inexplorado, en la tensión de la cuerda, en el abandono de la voluntad, que ahí también hay un espacio que erotizar para burlar la represión que los había configurado.

 

Sexuality, desire and pleasure flow, meet and recede in vast territory. Exploring that territory with a playful disposition and with courage can be an experience that allows us to know interesting aspects of ourselves to review. The series presented by Oscar Milano walks in that territory. It tells us the dynamics of eroticism and sexuality from morbid, bondage and submission.

 

By immobilizing the body and preventing its movements, Shibari -Japanese art of mooring- eroticizes the scene captured by the lens in a different way, perhaps far away. The fabric that is woven into the body tells us about the work in the knot, about the time that passes until the body stops. Thus, an element within the erotic game becomes intensely aesthetic, specially if we think that, when untying and achieving mobility, it is difficult to forget the sensation of the strings o the skin. This out of time is what Oscar’s photography explores. The mismatch between pause and movement and, in this relationship, the complicity of the bodies that participate. The subtlety with which Oscar Milano constructs this narrative is related to contrasts. The white rope that stops and immobilizes is opposed to the black of the leather, another different mooring, which pushes us to act in a radical way, to obey, to release power in a consensual way.

 

Fetishizing practices that can be related in some way to the discourses of oppression, specially in relation to sexual dissidents, has been one of the ways that representation has found to resist heteropatriarchal hegemony. Tom of Finland is a precise reference to account for this movement.

 

Oscar’s series of photographs intrudes within that tradition, revealing the intimate space where power is negotiated. It seems that the bodies give themselves over to trust in the other, to kiss and caress, to affection within the game and to role dynamics. In this way the brutality in sexuality is attenuated, it is softened in the language of the bodies that know and understand, in the unexplored, in the tension of the rope, in the abandonment of the will, that there is also a space to eroticize to circumvent the repression that has configured them.

 

 

 

Instagram: @milano573