MARIO SEVILLA – México

 

El trabajo fotográfico de Mario tiene mucha relación con el proceso que levanta al momento de producir una obra: es un momento de conexión con su intuición, con los aspectos de corte más espiritual, con la catarsis y la purga de las emociones.

 

Las fotografías de Mario Sevilla nos acercan a esa intuición, nos permiten compartir ese preciso momento en el que el lente captura la imagen del cuerpo y el ojo estético de Mario, el ojo que purga, el ojo que piensa la imagen consigue transformarla por medio de diferentes técnicas de edición y composición, en algo más que un cuerpo desnudo o una pose, algo que consigue elevarnos hacia arriba o bien empujarnos hacia la carne.

 

Por medio del dibujo digital, por ejemplo, Mario consigue seguir la forma del cuerpo del modelo para elaborar una narrativa muy particular. Aparecen sombras, líneas, demonios y serpientes que envuelven y conforman al cuerpo en su composición estética. Pareciera que los trazos que, como capas, se suman a la composición, estuvieran orgánicamente ahí desde siempre. El dibujo en ese sentido termina por sumarse al cuerpo de manera natural, transformándose en una parte fundamental de la composición fotográfica que nos entrega la estética de Mario.

 

La intervención visual sobre la fotografía termina por acabar el trabajo que inicia en la captura de la imagen, así, se superponen dos capas de significado: por un lado, el lenguaje corporal en la fotografía, la pose, el movimiento sinuoso en el cuerpo. Por otro la composición visual que acompaña armónicamente lo anterior. El trazo que se mueve de manera fluida por el cuerpo termina de construir una narrativa que se sostiene en esa piel o en el vacío que queda en el espacio.

 

El trabajo de Mario Sevilla nos lleva de la mano por ese camino de exploración, nos invita a pensar más allá del erotismo en el cuerpo, nos invita a ver en la profundidad de la psique aquello que nos erotiza, nos impulsa a ver formas donde pareciera que hay nada para así encontrarnos íntimamente con nosotros mismos.

 

Mario’s photographic work is closely related to the process that he raises when producing a work: It is a moment of connection with his intuition, with more spiritual aspects, with catharsis and the purging of emotions.

 

The photographs of Mario Sevilla bring us closer to that intuition, they allow us to share the precise moment in which the lens captures the image of the body and Mario’s aesthetic eye, the eye that purges, the eye that thinks the image manages to transform it through different editing and composition techniques, in something more than a naked body or a pose, something that manages to lift us up push us toward the flesh.

 

By means of digital drawing, for example, Mario manages to follow the shape of the model’s body to elaborate a very particular narrative. Shadows, lines, demons and snakes appear that surround and shape the body in its aesthetic composition. It seems that the lines that, like layers, add to the composition, have been organically there forever. Drawing in this sense ends up joining the body in a natural way, becoming a fundamental part of the photographic composition that Mario’s aesthetic gives us.

 

The visual intervention on the photography ends up finishing the work that begins in the capture of the image, thus, two layers of meaning are superimposed: on the one hand, the body language in the photograph, the pose, the sinuous movement in the body. On the other, the visual composition that harmonically accompanies the above. The lines that move fluidly through the body, finishing to build a narrative that is sustained by that skin or in the void that remains in space.

 

Mario Sevilla’s work takes us by the hand along this path of exploration, invites us to think beyond eroticism in the body, invites us to see in the depth of the psyche what eroticizes us, encourages us to see forms where it seems that there is nothing in order to find ourselves intimately with ourselves.

 

 

 

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