Sobre el arte erótico en cuarentena | Por Rodrigo Ortega

 

Sobre el arte erótico en cuarentena

 

El erotismo, según algunos pensadores, tiene la forma de un triángulo: el sujeto que desea, el objeto deseado y aquello que se interpone en la consumación de ese deseo. En este sentido es posible plantear una pregunta, ¿Quién desea lo que no está ausente? Anne Carson en un estudio sobre el erotismo reflexiona sobre esta distancia. Según la autora, aquello que se interpone en la consumación del deseo para los griegos era la Aidós, una traducción posible pero no exacta nos permite relacionar la Aidós con la vergüenza, aquello que se interpone, que difiere el placer, el roce y el contacto.

 

Bataille, por otro lado, afirma que el erotismo nos permite volver a la continuidad perdida, es una mezcla entre la vida y la muerte, el erotismo según Bataille es “afirmar la vida incluso en la muerte” es decir, en el momento en el que nos abandonamos al erotismo logramos vencer por un instante aquella discontinuidad en nuestra existencia, nos unimos de alguna forma al todo que es continuo.

 

El contexto de cuarentena a propósito de la crisis en salud nos acerca a esa Aidós que menciona Carson, las conversaciones en el chat desfasan los encuentros físicos, “cuando termine todo esto nos vemos” nos tocamos, nos perdemos el uno en el otro. Esa distancia social potencia la sensación de ausencia, pero no necesariamente frena al erotismo. Creo que en este contexto el erotismo intenta cambiar de objeto. Cuando el afuera no es posible, erotizamos el adentro. En la casa, en la intimidad del encierro y la distancia, asistimos a una búsqueda para intentar acercarnos a la experiencia erótica. Las imágenes adquieren un poder inusual. Los relatos eróticos se hacen más frecuentes, la imaginación se torna más vivaz. Ante la imposibilidad del encuentro con el otro nos encontramos a nosotros mismos. Nos masturbamos. Nos tocamos, nos fotografiamos, incluso nos enviamos videos. Compartimos por medio de plataformas virtuales fragmentos de nuestro cuerpo, imágenes, nos desbordamos de manera gráfica por las redes. Es así también que los dispositivos para la imagen se tornan espejos, la imagen nuestra nos rebota.

 

Afirmar la vida incluso en la muerte. Encausar en la imaginación al erotismo. Buscar en el tacto propio un camino de encuentro. Si bien las circunstancias políticas, económicas y socioculturales son difíciles creo que es importante explorar el deseo erótico, poner en tensión ciertas ideas sobre lo erótico más bien heteronormadas y pensar escenarios de goce que nos faciliten el encuentro con el placer.

 

Durante la cuarentena he pensado sobre las posibilidades de lo erótico y recordé un cuestionamiento que alguna vez me hice pero que no tuvo la resonancia suficiente para sopesarlo: si pensamos en la historia, lo erótico ha sido censurado por su potencial disruptivo y subversivo.

 

El pudor y el buen gusto burgués educaron nuestro deseo. A pesar del encierro intuimos esa potencia, el continuum, la libertad, así pasamos los días, en esa contradicción erótica constante. Liberar el deseo podría ser una posibilidad en el encierro, una pizca de afuera, un encuentro con nosotros mismos, la supresión de la distancia que teníamos con nuestro cuerpo.

 

 

Artículo: Rodrigo Ortega

Fotografía: Oscar Milano

 

About erotic art in quarantine

 

Eroticism, according to some thinkers, has the shape of a triangle: the subject you want, the desired object and what stands in the way of the completion of that desire. In this sense it is possible to ask a question Who wants what is not absent? Anne Carson in a study on eroticism reflects on this distance. According to the author, that which stands in the way of the consummation of desire for the Greeks was the Aidós, a possible but not exact translation allows us to relate the Aidós to shame, that which stands, which differs pleasure, fiction and contact.

 

Bataille, on the other hand, affirms that eroticism allows us to return to the lost continuity it is a mixture between life and death. Eroticism according to Bataille is “to affirm life even in death” that is, at the moment that we abandon ourselves to eroticism we manage to overcome for a moment that discontinuity in our existence, we unite ourselves in some way to the whole that is continuous.

 

The context of quarantine regarding the health crisis brings us closer to that Aidós that Carson mentions,  the conversation in the chatroom phase the physical encounters “when we finish all this we’ll see each other” we touch each other, we lose each other. This social distance enhances the feeling of absence, but it does not necessarily stop eroticism. I think that in this context eroticism tries to change its object. When the outside is not possible we erotizice the inside. At home, in the privacy of the confinement and the distance, we attend a search to try to get closer to the erotic experience. Images take on unusual power. Erotic stories become more frequent, the imagination becomes more lively faced with the impossibility of meeting with the other, we find ourselves. We masturbate, we touch, photograph, even we send each other videos. We share fragments of our body, images from virtual platforms, we overflow graphically through the networks. It is thus also that the devices for the image become mirrors, our image bounces off us.

 

Affirm life even in death. To channel eroticism in the imagination. Search in your own touch for a way to meet. Although the political, economic and sociocultural circumstances are difficult i think it is important to explore erotic desire, to put certain rather heterogeneous ideas about erotic into tension, and to think scenarios of enjoyment that facilitate the encounter with pleasure.

 

During quarantine i have thought about the possibility of erotic and i remembered a question that i once asked myself but did not have enough resonance to weigh it: If we think about history, the erotic has been censored for its disruptive and subversive potential.

 

Modesty and bourgeois good taste educated our desire. Despite the confinement we sense that power, the continuum, freedom, that is how we spend our days, in that constant erotic contradiction. Releasing desire could be a possibility in confinement, a pinch from outside, an encounter with ourselves, the suppression of the distance we had with our body.

 

 

Article: Rodrigo Ortega

Photography: Oscar Milano