La forma | Por José Miguel Salgado

 

La forma

 

Desde muy pequeño, nunca tuve problemas para hablar sobre estos temas en mi familia y creo que en general he tenido una visión positiva de la sexualidad. Pero al mismo tiempo, y gracias a lo anterior, he tenido que enfrentarme a una serie de ideas preconcebidas hacia el sexo y que probablemente vienen del cultivo de la vergüenza y la culpa como valores en mi herencia católica. Así, para esta primera columna en EL Erotic Life, compartiré un episodio en que se ha materializado este choque de visiones en las que habito. La normalización del placer y la vergüenza del mismo.

 

Hace algunas semanas descubrí “Vero”, una red social que está siendo utilizada por muchos hombres gays debido a su apertura hacia los desnudos, el contenido pornográfico y la opción de catalogar a tus contactos en tres niveles: Conocidos, Amigos e Íntimos. De esta forma puedes tener un mejor control sobre quién puede ver tu contenido, en este caso tus desnudos.

 

Inmediatamente caí en un tobogán de horas conectando con hombres de todos lados del mundo que compartían sus fotografías. Hombres con cuerpos muy distintos y provenientes de contextos socioeconómicos notoriamente opuestos. Todos conectados a través del gusto por mostrar sus fotografías en ropa interior, sus penes, durmiendo con sus novios, masturbándose o teniendo sexo. Las imágenes son de todo tipo. Las hay borrosas, oscuras, que grafican los detalles más minuciosos del sexo, y las hay con alta calidad, con elaboradas composiciones y capaces de entrelazar la subjetividad y el cuerpo en la mejor armonía.

 

Este lugar del ciberespacio posee varios elementos que lo llenan de un ambiente diferente comparado a otras aplicaciones utilizadas por la comunidad gay, como Twitter, Tumblr o Grindr. Por ejemplo, una gran diversidad de cuerpos, y más sorprendente aún, mucho respeto hacia ellos. También existe una extraña sensación de fraternidad otorgada por el clásico “Yo te muestro si tu me muestras”, que pareciera borrar las fronteras entre los hombres de cuerpos musculosos y definidos, y quienes tienen cuerpos “normales”. La aplicación entrega cierta capacidad de control, ya que no permite el reblogueo, por lo que hay menos posibilidades de que el contenido se viralice sin consentimiento. A la vez, si bien hay quienes promueven sus páginas de OnlyFans, la red está casi completamente libre de contenido pornográfico industrial, la gran mayoría de las fotos y videos expuestos son producidos por cada uno de los usuarios sin mucho más que el celular. Y por último, los usuarios no parecieran estar buscando encuentros inmediatos, sino más bien una audiencia con quien compartir el disfrute por su exploración sexual. La aplicación pareciera tener la mezcla  perfecta entre consentimiento, privacidad, y una visión positiva del sexo y el cuerpo.

 

Sin embargo, es ineludible preguntarse qué tan segura puede ser una aplicación en la que se comparte este tipo de contenido. Solo unas semanas atrás, un post en el que se pedía a los usuarios recordar que el contenido expuesto no debía ser sacado de ese lugar, hizo que muchos entrarán en una suerte de pánico colectivo y comenzarán a cerrar sus cuentas, asustados por la posibilidad de que las fotos se filtraran a otras plataformas, probablemente Twitter y Tumblr, donde éstas son exhibidas y viralizadas sin consentimiento. También, al compartir el descubrimiento de esta red social con amigos cercanos, estos destacaron los riesgos de poner este tipo de contenido en línea, con cuestionamientos cómo ¿Qué pasa si hacen un fotografía de la pantalla?, ¿Dejan que google tenga esa información?, ¿Y si lo ve alguien que no quieres?, por nombrar algunos. Pero entre ellos una pregunta quedó en mi cabeza por más tiempo “¿Por qué decidirían mostrarse de esa forma?”. Escucharla hizo que me invadiera un sentimiento de vergüenza. “Esa forma” estaba cargada de negatividad y se sintió implícitamente denigrante.

 

Pasé varios días debatiendo entre los cuestionamientos sobre por qué mostrarse desnudo y sexual podría ser un menoscabo, y las ganas guturales de defender prácticas de exploración y disfrute que no hacen más que reconocer una experiencia transversal. Luego de días contrastando ideas y sensaciones, he llegado a comprender que más que una respuesta a lo que se llega es a una decisión. Porque probablemente estas fotografías sí lleguen a estar en un archivo online imposible de eliminar, y porque existen muchas situaciones en las cuales la exposición de contenido como este puede traer consecuencias incómodas. Para muchas personas la exploración sexual no es solo íntima, sino tabú, y rendirse ante el deseo, asumirlo como parte del ser es considerado denigrante. Entendí que el deseo no se permite mostrar sin sacrificar nuestra imagen como entes de razón, que las pasiones van en contra de la prudencia y que negamos el cuerpo cuando este no está sublimado, de ahí los desnudos “de buen gusto”, que solo aceptan ver el cuerpo cuando éste no los confrontan con sus pudores. Pero al mismo tiempo, descubrí que en el deseo encuentro un energía creativa y fértil, que en el cuerpo veo una materialidad noble, fuerte y vulnerable, y que la excitación es un campo de juego donde nos encontramos con el resto a través de la empatía. Y ahí, en ese cruce de creencias, debemos decidir. Podemos seguir las costumbres que nos mantendrán seguros, pero que al mismo tiempo conservarán creencias que no compartimos, o enfrentar las posibles consecuencias de sacarnos la ropa y no tener vergüenza de temblar, erectar, mojar, exhibir y abrazar nuestros cuerpos.

 

 

Artículo: José Miguel Salgado

Fotografía: Oscar Milano

 

That way

 

Since I was a little boy, I never had problems talking about these issues in my family and I think that in general I have had a positive vision of sexuality. but at the same time, and thanks to the above, I have had to face a series of preconceived ideas about sex that probably come from the cultivation of shame and guilt as values in my catholic heritage. So for this first column in EL Erotic Life, I will share an episode in wich this clash of visions in which i live has materialized. the normalization of pleasure and shame of it.

 

A few weeks ago i discovered “Vero” a social network that is being used by many gay men due to its openness to nudity, pornographic content and the option to catalog your contacts on three levels: Acquaintances, Friends and Intimates. This way you can have better control over who can see your content, in this case your nudes.

 

I immediately fell on a slide of hours connecting with men from all over the world who shared their photos. men with very different bodies and from notoriously opposite socioeconomic context. All connected with the pleasure of showing their photos in underwear, their penises, sleeping with their boyfriends, masturbating or having sex. The images are of all kinds. They are blurred, dark, that graph the most minute details of sex, and there are highquality ones, with elaborate compositions and capable of interweaving subjectivity and the body in the best harmony.

 

This place in cyberspace has several elements that fill it with a different environment compared to other APPs used by the gay community such as Twitter, Tumblr or Grindr. for example, a great diversity of bodies, and even more surprising, a lot of respect toward them. there is also a strange feeling of brotherhood given by the classic “I show you if you show me” which seems to erase the borders between men with muscular and defined bodies and those with “normal” bodies. The APP provides some controllability, since it does not allow the reposting, so there is a less chance that the content will go viral without consent. At the same time, although there are those who promote their OnlyFans pages, the network is completely free of industrial pornographic content. The vast majority of photos and videos exposed are produced by each one of the users without much more than the cell phone. And finally, users do not seem to be looking for immediate encounters, but rather an audience with whom to share the enjoyment of their sexual exploration. The APP seems to have the perfect mix between consent, privacy and a positive view of sex and the body.

 

However, it is unavoidable to ask yourself; How secure can an APP be in which this type of content is shared? Only a few weeks ago a post asking users to remember that the exposed content should not be taken out from that place, caused a kind of collective panic and many users closed their accounts scared by the possibility of that the photos will be leaked to other platforms, probably Twitter and Tumblr where they are displayed and viralized without consent. Also, when I shared the discovery of this social network with close friends, they highlighted the risk of posting this type of content online with questions such as: What happens if someone screenshots it?, Do they let Google have that information?, What if someone you don’t want sees it?, to name a few. But between them a question remained in my head for a longer time: “Why would they decide to show themselves that way?” Heating that question made me feel ashamed. “That way” was charged with negativity and felt implicitly degrading.

 

I spent several days debating between questions about why to show yourself naked could be an impairment, and the guttural desire to defend practices of exploration and enjoyment that do nothing more than recognize a transversal experience. After days of contrasting ideas and feelings, I have come to understand that more than a response to what you get, it is a decision. Because these photographs will probably end up in an online archive that is impossible to delete, and because there are many situations in which the exposure of content like this can have uncomfortable consequences. For many people sexual exploration is not only intimate, but taboo, and surrendering to desire, assuming it as part of being is considered demeaning. I understand that desire is not allowed to be shown without sacrificing our image as entities of reason, that passion goes against prudence and that we deny the body when it is not sublimated, hence the “good taste” nudes, which only accept See the body when it is not confronted with its modesty. But at the same time, I discovered that in desire I find creative and fertile energy, that in the body I see a noble, strong and vulnerable materiality, and that excitement is a playground where we meet the rest, through empathy. And there, in that crossing of belief, we must decide. we can follow customs that will keep us safe, but at the same time retain beliefs that we do not share, or face the possible consequences of taking off our clothes and not being ashamed to shake, erect, wet, to exhibit and hug our bodies.

 

 

Article: José Miguel Salgado 

Photography: Oscar Milano