ÁLVARO CARRASCO – Chile

 

La cultura de masas durante el siglo XX, pero sobre todo durante el siglo XXI ha estado completamente envuelta y embadurnada de imágenes. La publicidad llenó la ciudad de cuerpos intentando mostrar aquello que anteriormente se encontraba velado por las normas del buen gusto y del pudor. Aparecen así cuerpos promocionando objetos de consumo pues, como muestra la obra de Barbara Kruger, compramos y luego existimos. Gracias a este cambio en los valores, los cuerpos se han transformado también en objetos consumibles, potencian en aquellos que miran –y que juegan inevitablemente el papel de voyeur en el tránsito por la ciudad inicialmente y luego en el scrolleo por internet– el deseo del consumo de esos cuerpos.

 

La novela gráfica y el comic han contribuido también en esta transformación. Nuestro imaginario está lleno de súper-héroes que construyen un paradigma ético y estético, hombres fuertes que vendrán a salvarnos de todas las desgracias inimaginables pero que parecen inmunes a la carne y al deseo.

 

La propuesta de Álvaro Carrasco su ubica en ese intersticio entre lo pop y lo masivo y la tradición de la novela gráfica norteamericana. El color digital pesado hace que la mirada se canse en el tránsito y descubrimiento de cuerpos desproporcionados, descomunales e imposibles. El color se mueve haciendo chillar la composición y contrasta con los diferentes tonos de piel que se enmarcan en los patrones ópticos que entrega la técnica del dibujo digital.

 

Los cuerpos en los dibujos de Álvaro Carrasco exhiben sin ningún pudor la exacerbación del falo como símbolo de poder, llevando su representación a proporciones imposibles, pareciera que celebra ese signo de poder, sin embargo, la clave irónica que nos permite leer estos dibujos abre un sentido diferente a la lectura más obvia. Según el artista, al representar al cuerpo masculino en su infinita desproporción se intenta objetualizar dicho cuerpo y posicionarlo en el mercado y en el consumo, en ese juego, siguiendo la tradición de la ilustración homoerótica de Tom of Finland, sus dibujos son el resultado del deseo que ha construido el consumo en la mirada de los hombres que desean a otros hombres.

 

Es interesante pensar entonces en esa mirada, los referentes de la cultura pop contemporánea continúan educando los ojos con los que nos acercamos al cuerpo y a sus formas, colonizan imaginarios incluso en las historias que leímos y vimos en la infancia, en ese gesto, urge preguntarnos si lo que evoca la excitación es el cuerpo representado o los signos que esta carga.

 

Mass culture during the 20th century, but especially during the 21th century, has been completely enveloped and smeared with images. Advertising filled the city with bodies trying to show what was previously veiled by the rules of good taste and modesty. Thus, bodies appear promoting consumer objects because, as Barbara Kruger’s work shows, we buy and then we exist. Thanks to this change in values, bodies have also been transformed into consumable objects, empowering those who look –and who inevitably play the role of voyeur in transit through the city  initially and later in scrolling through the internet– the desire for consumption of those bodies.

 

The graphic novel and the comic have also contributed to this transformation. Our imaginary is full of superheroes who build an ethical and aesthetic paradigm, strong man who will come to save us from all unimaginable misfortunes but who seem immune to flesh and desire.

 

Alvaro Carrasco’s proposal places him in that gap between pop and mass and the tradition of the North American graphic novel. The heavy digital color makes the eyes tired in the transit and discovery of disproportionate, huge and impossible bodies. The color moves making the composition shriek and contrast with the different skin tones that are framed in the optical patterns that the digital drawing technique provides.

 

The bodies in Alvaro Carrasco’s drawings shamelessly exhibit the exacerbation of the phallus as a symbol of power taking his representation to impossible proportions, it seems to celebrate that sign of power, however the ironic key that allows us to read these drawings opens a sense different from the most obvious reading. According to the artist, by representing the male body in its infinite disproportion, it is attempted to objectify said body and position it in the market and in consumption, in this game, following the tradition of Tom of Finland’s homoerotic illustration, his drawings are the result of desire that has built consumption in the gaze of men who desire other men.

 

It is interesting to think about that gaze then, the references of contemporary pop culture continues to educate the eyes with which we approach the body and its forms, colonize imaginary even in the stories we read and saw in childhood, in that gesture it is urgent to ask ourselves if what the excitation evokes is the represented body or the signs that this load.

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