Sobre la fotografía, el placer y el desnudo | Por Rodrigo Ortega

 

Sobre la fotografía, el placer y el desnudo.

 

La experiencia de trabajar escribiendo para esta revista ha abierto un campo enorme de exploración y un camino interesante en términos semióticos que investigar. Durante toda la historia de la humanidad se ha representado al cuerpo desde diversos ángulos, pero ha predominado en toda esa historia la mirada fálica y poderosa del Padre. Así los cuerpos siempre han seguido una línea muy fina en lo que se puede mostrar y no, definiendo la belleza masculina desde una perspectiva reducida y cerrada.

 

En esa tradición la belleza se asocia a la fuerza, al volumen, al vigor, y el signo más potente de aquel discurso inevitablemente recae en el falo. Torcer aquella tradición ha costado trabajo, y ese trabajo no tiene directa relación con los artistas del cuerpo masculino, que lo objetualizan desde una mirada fálica y heteronormada, sino que recae en otros espacios de la cultura.

 

Muchos hombres y mujeres que disienten de esas formas de representación se han apurado en correr los límites de lo que el cuerpo puede decir y mostrar desde espacios abyectos, otros, si entendemos esa mirada académica de lo que es el arte y lo bello. En espacios under por ejemplo, la cultura del transformismo en Latinoamérica tiene precedentes incluso a fines del siglo XIX, donde las barreras sexo-genéricas se mueven en la performance de aquellos cuerpos que no son identificables en cuanto hombre ni mujeres. Aparecen entonces, diversos ecos que deconstruyen imaginarios sobre lo que es y no es bello y, sobre todo, lo que es y no es deseable. Pero lo que me interesa relevar no es la mirada de quien provoca esa transformación, sino de quien recibe aquellas imágenes que exploran nuevas formas de existir desde un espacio masculino -y digo masculino obviando el sexo de quienes habitan la masculinidad, sino que como un concepto que agrupa diversos cuerpos- que ha ido transformándose: nosotros como espectadores del arte y la fotografía erótica.

 

Cuando miramos cuerpos desnudos y entendemos que detrás de aquella mirada se esconde un profundo e insoslayable deseo, esa fuerza se expresa en el cuerpo afectándolo de varias formas. Uno siente que el cuerpo se acalora cuando las imágenes nos excitan, pero también esa excitación inicial se transforma rápidamente en una exploración intelectual sobre los discursos que las imágenes contienen.

 

La fotografía como dispositivo cultural en nuestro presente se encuentra en todos los espacios, es ubicua. Nos vemos sometidos al consumo de imágenes durante todo el tiempo, nuestro tránsito por la ciudad incluso se transforma en un consumo indiferente de cuerpos publicitando diversos productos y publicitándose a sí mismos. Entonces ¿cómo devolverle a la fotografía su aura? ¿cómo hacer que aquel bombardeo iconográfico no nuble nuestra sensibilidad? El erotismo en la fotografía resulta interesante en este aspecto pues es ahí, precisamente, donde pueden sembrarse otros para el deseo. Nuestra mirada se educa en esa representación y nuestro deseo es capaz de expandirse en un universo que no teníamos previsto. Así, podemos vernos interpelados desde la fotografía erótica a explorar también, en nuestro cotidiano, diversas formas de placer. Creo que es importante educar nuestra mirada y abandonar aquel falocentrismo que aprendimos en la escuela de la pornografía heteronormada.

 

Lo erótico tiene un potencial indiscutiblemente liberador y es importante que podamos recibir diferentes referentes que conduzcan nuestra exploración como sujetos y sujetas deseantes hacia espacios distintos a los tradicionales. En este sentido, las estéticas que superen aquella representación fálica y que permitan que la afección se mantenga renovada nos permiten adentrarnos en espacios completamente inesperados y, con ello, aportan a liberar nuestro imaginario y nuestra vinculación con el cuerpo propio y con los demás. Mirar, ser seducido por esos cuerpos, intrigarse en las diferencias y sentirse completamente abrumado por la perspectiva novedosa que los artistas del desnudo pueden aportar en nuestra exploración erótica es una conquista que la fotografía tiene que seguir explorando para conseguir, de esa manera, desnudarnos del imaginario heteropatriarcal que tenemos inevitablemente en la mirada.

 

Artículo: Rodrigo Ortega

Fotografía: Oscar Milano

 

On photography, pleasure and nudity.

 

The experience of working writing for this magazine has opened a huge field of exploration and an interesting path in semiotic terms to investigate. Throughout the history of humanity, the body has been represented from different angles, but the phallic and powerful gaze of the father has predominated in all that history. Thus, the bodies have always followed a very fine line in what can and cannot be shown, defining masculine beauty from a reduced and closed perspective.

 

In this tradition, beauty is associated with strength, volume and vigor. And the most powerful sign of that discourse inevitably falls on the phallus. Twisting that tradition has cost work, and that work has no direct relationship with the artists of the male body, who objectify it from a phallic and hetero-normed perspective, but falls on other spaces of culture.

 

Many men and women who disagree with these forms of representation have rushed to push the limits of what the body can say and show from abject spaces, others, if we understand that academic view of what art is and what is beautiful. In under-spaces, for example, the culture of transformism in Latin America has precedents even at the end of the 19th century, where sex-generic barriers move in the performance of those bodies that are not identifiable as men or women. Then, various echoes appear that deconstruct imaginary about what is and is not beautiful and, above all, what is and is not desirable. But what I’m interested in revealing is not the gaze of those who cause this transformation, but of those who receive those images that explore new ways of existing from a masculine space -and I say masculine ignoring the sex of those who inhabit masculinity, but as a concept that groups various bodies- that has been transforming: us as spectators of art and erotic photography.

 

When we look at naked bodies and understand that behind the gaze hides a deep and unavoidable desire, that force is expressed in the body affecting it in various ways. One feels that the body becomes heated when the images excite us, but that initial excitement also quickly transforms into an intellectual exploration of the discourses that the images contain.

 

Photography as a cultural device in our present is found in all spaces, it is ubiquitous. We are subjected to the consumption of images all the time, our transit through the city is even transformed into an indifferent consumption of bodies advertising various products and advertising themselves. So how do you restore your aura to photography? How can we make that iconographic bombardment not cloud our sensibility? Eroticism in photography is interesting in this regard because it is precisely there where others can be planted for desire. Our gaze is educated in that representation and our desire is capable of expanding in a universe that we had not anticipated. Thus, we can see ourselves challenged from erotic photography to explore, un our daily lives, various forms of pleasure. I think it is important to educate our gaze and abandon that phallocentrism that we learned in hetero-normed pornography school.

 

The erotic has an undeniably liberating potential and it is important that we can receive different references that guide our exploration as desiring subjects and subjects towards spaces other than traditional ones. In this sense, the aesthetic that go beyond that phallic representation and that allow the affection to remain renewed allow us to enter completely unexpected spaces and, with this, contribute to freeing our imaginary and our connection with our own body and with others. Seeing, being seduced by theses bodies, intrigued by differences and feeling completely overwhelmed by the novel perspective that nude artists can bring to our erotic exploration is a conquest that photography has to continue exploring in order to get undressed from the hetero-patriarchal imaginary that we inevitably have in our eyes.

 

Article: Rodrigo Ortega

Photography: Oscar Milano