FABIÁN CHAIREZ – México

 

Fabián Chairez es un artista de la disidencia corporal y la intersección política. En su obra aparecen aquellos cuerpos que el arte y su historia -pensada, escrita y publicada por y para hombres- ha desechado por acercarse a aquellos espacios de abyección que la heteronorma no soporta.

 

En su pintura se representan cuerpos que desde una mirada interseccional, no son registrados en la historia, y, por lo tanto, son olvidados, sepultados bajo aquellos cuerpos que se nos obliga a desear, cuerpos blancos musculosos con genitales enormes y potentes, cuerpos que celebran la fuerza y la violencia y que son hipervisibles por discursos publicitarios y pornográficos.

 

Chairez, por medio de un arduo trabajo intelectual y compositivo, nos invita a explorar la mirada de aquellos cuerpos que no tienen visibilidad desde los discursos hegemónicos: cuerpos morenos, cuerpos gordos, cuerpos femeninos que exhiben una sensualidad que desestabiliza el binarismo genérico y potencia otras formas de masculinidad impensadas en un imaginario colonizado y patriarcal. Cuerpos cuyas posiciones quiebran en ondulaciones y movimientos dramáticos pero sutiles, silenciosos, aquella dureza de la masculinidad vigorosa. El trabajo formal en la obra de Chairez explora diferentes espacios discursivos que articulan un discurso que visita lugares donde se exhibe el cuerpo masculino desde su posición de poder. Su apuesta radica en homosexualizar -como diría Lemebel, un referente literario del autor- aquellos espacios locales donde existen estos cuerpos, pero son despojados de la sensualidad y el erotismo.

 

Por otro lado, Fabián Chairez es un artista de la provocación. En esa búsqueda de desestabilizar los discursos políticos que refieren al cuerpo y la heteronorma, el pintor visita lugares importantes para la idiosincrasia mexicana y los ensucia, revirtiendo así de manera satírica y bufonesca la impronta grandilocuente que los símbolos contienen.

 

En su obra ridiculiza a Emiliano Zapata, importante prócer en la guerrilla revolucionaria, subiéndolo a un caballo, signo indiscutible del colonialismo patriarcal y representándolo en una pose tan femenina como sensual. Explora también en su apuesta las relaciones entre la identidad, el anonimato y la lucha libre, yuxtaponiendo en el discurso de la violencia aquella mancha tan renegada por el poder patriarcal: el deseo homosexual.

 

Su obra es tan profundamente política como necesaria, empuja los límites de la representación y endulza con ese gesto nuestra mirada, renovándola.

 

Fabián Chairez is an artist of bodily dissent and political intersection. In his work appear those bodies that art and its history -thought, written and published by and for men- have discarded or approaching those spaces of abjection that the hetero-norm does not support.

 

In his painting bodies are represented that from an intersectional perspective are not recorded in history and, therefore, are forgotten, buried under those bodies that we are forced to desire, muscular white bodies with enormous and powerful genitalia, bodies that celebrate the force and violence and that are hypervisible by advertising and pornographic speeches.

 

Chairez, through hard intellectual and compositional work, invite us to explore the gaze of those bodies that have no visibility from hegemonic discourses: brown bodies, fat bodies, female bodies that exhibit a sensuality that destabilizes binarism and enhances other forms of masculinity unthinkable in a colonized and patriarchal imaginary. Bodies whose positions break in undulations and dramatic but subtle movements, silent that hardness of vigorous masculinity. Formal work in Chairez’s work explores different discursive spaces that articulate a discourse that visits places where the male body is exhibited from its position of power. His bet lies in homosexualizing -as Lemebel would say, a literary reference of the author- those local spaces where these bodies exist, but they are stripped of sensuality and eroticism.

 

On the other hand, Fabián Chairez is an artist of provocation in this quest to destabilize the political discourses that refer to the body and heteronorm, the painter visits important places for Mexican idiosyncrasy and dirties them, thus satirically and jestingly reversing the grandiose imprint that the symbols contain.

 

In his work he refers to Emiliano Zapata, an important hero in the revolutionary guerrillas mounting him on a horse an indisputable sign of patriarchal colonialism, and representing him in a pose as feminine as it is sensual, empowering from that place the hegemonic masculinity of the revolutionary ethos avoids or exclude. He also explores in his bet the relationships between identity, anonymity and wrestling, juxtaposing in the discourse of violence that stain so renegade by patriarchal power: Homosexual desire.

 

His work is as deeply political as It is necessary, it pushes the limits of representation and sweetness our gaze with that gesture, renewing it.

 

 

Instagram: @fabian_chairez