Amores, abusos y soledad en tiempos de GRINDR | Por Bryan San Martín

 

Amores, abusos y soledad en tiempos de GRINDR.

 

Hace unas décadas nuestras prioridades o preocupaciones como comunidad LGBT era dejar de ser estigmatizados o perseguidos por una sociedad que no aceptaba que nuestra orientación fuera distinta. Las constates luchas a través de los años de la comunidad fueron avanzando a legislaciones como el matrimonio igualitario, la ley Zamudio o Ley de identidad de género, que nos ayudó a construir un camino a una sociedad más justa librándonos de miedos, penas y dudas. Por eso es que en la actualidad la atracción del mismo sexo, ambos sexos o simplemente, si no te sientes tú con tu género, ha dejado de ser un tema social que en cierto punto nos ayudó a sentir más completos emocionalmente.

 

En el auge de la tecnología quise abordar otro tipo de mundo digital nuevo, desde donde abordamos la sexualidad actual las aplicaciones como Grindr o Scruff son bastante populares: basta con subir una foto, completar ciertos status (edad, rol o estado VIH; entre otros) y podremos conectarnos con la esperanza de encontrar la pareja perfecta más cercana al sexo casual.

 

La dinámica de estas apps nos atrae; porque es un acceso más rápido al sexo. ¿A quién no entusiasma una pantalla de hombres semis desnudos; hacer unos pocos clics y tener una pareja sexual de manera rápida? Pero, también no puedo dejar de preguntarme si pueden estas plataformas alivian la ansiedad, la soledad o fomentar un comportamiento nocivo dentro de la comunidad.

 

Al entrar a las aplicaciones y contar con un solo “Hola, ¿Cómo estás?, “¿Qué rol?” o “¿Quieres pasarlo bien?”, vale preguntarnos si realmente no sentimos bien con eso, por la adicción que nos genera el ego al concretar un encuentro, más aun si se determina con un buen desempeño sexual, y viéndonos insertados en medio de un ciclo sin sentido una y otra vez; el cual no se detiene hasta dejarnos exhaustos.

 

De aquí abarco otro punto importante, el comportamiento nocivo. Estas mismas interacciones en las apps muestran lo peor de nosotros, como la falta de educación; la homofobia (si también hay homofobia entre homosexuales); el sexting, la reproducción de estereotipos discriminatorios. Nos segmentamos en distintos grupos, targets o simplemente como nos perfilamos, y es aquí donde aquellas normas sociales que responden a los estándares de la heterosexualidad se aplican a la homosexualidad, como el cuerpo como objeto de consumo, la erotización de lo masculino y el rechazo de lo femenino en un hombre, el clasismo y/o el racismo.

 

Pero son esos pequeños comportamientos, que nos hacen plantearnos la soledad y los abusos en la comunidad gay, que continúan en el mismo nivel en el que han estado durante décadas o han avanzado realmente a una comunidad donde los pensamientos y sentimientos nos conducen a ideas que provocan un cambio saludable.

 

Tampoco podemos desconocer y asociar todo el uso de estas apps para un comportamiento nocivo o adictivo, ya que muchos dan un buen uso, al disfrutar libremente del sexo, pero responsablemente y/o conociendo parejas durables y estables.

 

Más allá de cualquier orientación sexual, nos hace falta fomentar una cultura del respeto. Nuestra sexualidad es tan diversa y rica que reducirla a estándares tan socialmente aceptados es quitarle un aspecto a una variada paleta de colores. Sin embargo, también debemos darle un uso responsable y preguntarnos si hemos perdido el interés en una relación cara a cara o, simplemente asumimos que no podemos alcanzar el amor y que así que nos estamos conformando con las conexiones.

 

Artículo: Bryan San Martín

Fotografía: Oscar Milano

 

Love, abuse and loneliness in times of GRINDR.

 

A few decades ago, our priorities or concerns as an LGBT community was to stop being stigmatized or persecuted by a society that did not accept that our orientation was different. The constant struggles throughout the years of the community were advancing to legislation such as equal marriage, Zamudio’s law or Gender’s law, which helped us build a path to a more just society, freeing us from fears, sorrows and doubts. That is why today the attraction of the same sex, both sexes or simply, if you do not feel you with your gender is no longer a social issue that at some point helped us feel more emotionally complete.

 

In the rise of technology, I wanted to tackle another type of new digital world, from where we address current sexuality, Mobil APPs as Grindr or Scruff are quite popular: just upload a photo, complete certain status (age, role or HIV status; among others) and we can connect with the hope of finding the perfect partner closest to casual sex.

 

The dynamics of these APPs attracts us; because it is a faster access to sex. Who doesn’t love a screen of semi-naked men; make a few clicks and have a sexual partner quickly? But, I also can’t stop wondering if these platforms can ease anxiety, loneliness or encourage harmful behavior within the community.

 

When entering the applications and having a “Hello, how are you?”, “What role?” or “Do you want to have a good time?” it is worth asking ourselves if we really feel good about it. Due to the addiction that the ego generates when we set an encounter, even more if it is determined with a good sexual performance, and seeing ourselves inserted in the middle of a meaningless cycle over and over again; which does not stop until we are exhausted.

 

From here I cover another important point, harmful behavior. These same interactions In the apps show the worst of us, like the lack of education; homophobia (Yes, there is also homophobia among homosexuals), sexting, the reproduction of discriminatory stereotypes. We segment ourselves into different groups, targets or simply how we outline ourselves, and it is here that those social norms that respond to the standards of heterosexuality are applied to homosexuality, such as the body as an object of consumption, the eroticization of masculinity and rejection of the feminine in a man, classism and / or racism.

 

But it is those little behaviors that make us consider loneliness and abuse in the gay community, that continues at the same level that they have been for decades or have really advanced to a community where thoughts and feelings lead us to ideas that they cause healthy change.

 

Nor can we ignore and associate all the use of these apps for harmful or addictive behavior, since many put it to good use, freely enjoying sex but responsibly and / or meeting durable and stable partners.

 

Beyond any sexual orientation, we need to foster a culture of respect. Our sexuality is so diverse and rich that to reduce it to such socially accepted standards is to take one aspect away from a diverse palette of colors. However, we must also use it responsibly and ask ourselves if we have lost interest in a face to face relationship or simply assume that we cannot achieve love and so we are settling for connections.

 

Article: Bryan San Martín

Photography: Oscar Milano