FELIPE SEPÚLVEDA (ÁREA GRIS) – Chile

 

Desde las posiciones de los cuerpos de los modelos hasta algunas intervenciones o rayados sobre la propia superficie, estas fotos nos muestran siempre una especie de quiebre, algo que se tuerce o que rompe con la imagen antes inmaculada. Es quizás cierta congoja, el dolor e injusticia que habita en los cuerpos disidentes de la comunidad LGBTIG+ fotografiados por FELIPE SEPÚLVEDA y que, por el mismo ejercicio de ser expuestos desnudos, muestran una lucha desde la vulnerabilidad vuelta fuerza en su exhibición.

 

Entre las fotos, algunas del cotidiano actual y otras que recogen un estilo clásico, encontramos dentro de estas últimas un gran virtuosismo técnico en el delicado trabajo de la luz, la blancura europea de las pieles con tonos rosados, el encuadre y las texturas a través de la cámara. El quiebre aquí es la reconfiguración de ese estilo renacentista al cambiar a los sujetos posibles, antes eruditos o religiosos siempre vestidos, por una pareja desnuda que se protege en un abrazo erótico y tierno a la vez. Es decir, un asunto íntimo y emocional, muy contrario a la racionalidad clásica del hombre público y, donde una de las figuras, con el rostro escondido y por su posición, no termina de definir su género ante los espectadores.

 

En casi todas las imágenes se presentan elementos que toman una importancia simbólica y/o erótica: cuerdas, collares de perla, alas y aureolas en la cabeza, pantimedias caladas, máscaras de cordero (de Dios), flores… Al parecer, son símbolos religiosos atravesados por la erotización de la carne en una relectura queer de la herencia europea patriarcal. En una misma serie de tomas, por ejemplo, vemos que ese arte clásico se va descomponiendo, destruyendo sin temor al juego de la post edición. En todas las fotografías hay una intervención posterior que se pone a la vista, ya sea a través del corte, el color, el doblez de la hoja o la escritura y rayado sobre ella. No hay temor en transitar sin problemas, entre foto y foto, desde el blanco y negro a colores más fuertes y ver qué narra ese tránsito. Tampoco hay temor a ver qué pasa si rayo la obra. Parece ser en un proceso constante de experimentación, de no atenerse a la tradición sin motivo y atreverse a confiar en la intuición y el caos.

 

Así, estas obras invitan incluso a romper con las restricciones del propio formato autoimpuesto y a encontrar arte en el error. Esa misma idea de destruir el formato es la que se refleja en los cuerpos disidentes de los modelos que no se condicen con el formato de la tradición hetero cis de los masculino, no por cómo se ven en la desnudez, sino por sus gestos ante la cámara, por cómo se relacionan en la imagen: se tocan y comparten la piel desde el cariño, formando comunidad. Por ello las intervenciones y escritos sobre algunas fotos se repiten a su vez, y a modo de lucha, en estos cuerpos, que funcionan como el verdadero trasfondo donde se sostienen la defensa disidente.

 

From the positions of the models’ bodies to some interventions or scratches on the surface itself, these photos always show us a kind of break, something that twists or breaks with the previously immaculate image. Perhaps it is a certain anguish, the pain and injustice that inhabits the dissident bodies of the LGBTIG+ community photographed by FELIPE SEPÚLVEDA and that, by the very exercise of being exposed naked, show a struggle from vulnerability turned into strength in their exhibition.

 

Among the photos, some of the current daily life and others that reflect a classic style, we find within the latter a great technical virtuosity in the delicate work of light, the European whiteness of the skins with pink tones, the framing and the textures through of the camera. The break here is the reconfiguration of that Renaissance style by changing the possible subjects, previously scholars or religious always dressed, for a nude couple who protect themselves in an erotic and tender embrace at the same time. That is to say, an intimate and emotional matter, very contrary to the classical rationality of the public figure and, where one of the figures, with his face hidden and because of his position, does not finish defining his gender before the spectators.

 

In almost all the images there are elements that take on a symbolic and/or erotic importance: ropes, pearl necklaces, wings and halos on the head, openwork pantyhose, lamb masks (of God), flowers… Apparently, they are religious symbols crossed by the eroticization of flesh in a queer rereading of the patriarchal European heritage. In the same series of shots, for example, we see that classic art gradually decompose, fearlessly destroying the post-editing game. In all the photographs there is a later intervention that is exposed, either through the cut, the color, the folding of the sheet or the writing and scratching on it. There is no fear in transiting smoothly, between photo and photo, from black and white to stronger colors and seeing what that transit narrates. There is also no fear of seeing what happens if I scratch the work. It seems to be in a constant process of experimentation, of not sticking to tradition for no reason and daring to trust intuition and chaos.

 

Thus, these works even invite us to break with the restrictions of the self-imposed format itself and to find art in error. That same idea of ​​destroying the format is what is reflected in the dissident bodies of the models that do not conform to the format of the hetero cis tradition of masculine men, not because of how they look naked, but because of their gestures before the camera, because of how they are related in the image: they touch and share skin from love, forming a community. That is why the interventions and writings on some photos are repeated in turn, and as a struggle, in these bodies, which function as the true background where the dissident defense is sustained.

 

 

 

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