HIRAM EXEL – Argentina

 

¿En qué se parece un cuerpo a una roca, a cerros o al agua? ¿Cómo dialogan las formas masculinas con paisajes naturales? En esta serie de Hiram Di Lorenzo, los hombres aparecen solos y rodeados de naturaleza, sin que en ningún momento se crucen en la escena elementos artificiales, exceptuando algunos tatuajes. Este es el hombre fuera de la cultura y, en ese sentido, libre de ataduras que definan su identidad o modos de su erotismo y masculinidad.

 

En medio de espacios inmensos para un único cuerpo, las posibilidades son múltiples: correr, danzar, contemplar, reflexionar, tocarse. El espacio abierto en soledad se vuelve, paradójicamente, privado, íntimo, secreto. Además, estas distintas acciones y el entorno abierto lo tornan vulnerable, sin herramientas humanas para defenderse de los elementos. De allí que estas fotos devengan en la manifestación de una sensibilidad interior, a veces en blanco y negro, a veces a color, traduciendo esta misma sensibilidad en cuadros que muestran que el sostenerse el propio pene puede ser un acto de profundo cuidado o ternura.

 

Asimismo, cada imagen destacan particularidades de cada cuerpo. Hay cuerpos llenos de pecas como la superficie de ciertas rocas, cuerpos livianos que se vinculan más con el viento o las nubes, cuerpos largos como yerbas y árboles, o cuerpos macizos que van a tierra. Inevitablemente las formas dialogan, la interacción con el medio ambiente emerge sin esfuerzo. El cuerpo así, sin vestimenta ni contexto civilizatorio, pierde diferenciación con lo animal y es parte del paisaje.

 

Estas fotografías cuentan una historia que desconocemos, son escenas de algo más profundo, una película que falta por inventar y que nos dice que, en medio de llanos, el mar y el bosque, en última instancia el cuerpo es lo único que tenemos y que lo natural, lo que viene dado, es inevitable.

 

How is a body like a rock, hills, or water? How do male forms dialogue with natural landscapes? In this series by Hiram Di Lorenzo, men appear alone and surrounded by nature, without artificial elements ever crossing the scene, except for some tattoos. This is the man outside the culture and, in that sense, free of ties that define his identity or modes of his eroticism and masculinity.

 

In the midst of immense spaces for a single body, the possibilities are multiple: run, dance, contemplate, reflect, touch. The open space in solitude becomes, paradoxically, private, intimate, secret. In addition, these different actions and the open environment make it vulnerable, without human tools to defend itself from the elements. Hence, these photos become the manifestation of an inner sensitivity, sometimes in black and white, sometimes in color, translating this same sensitivity into pictures that show that holding one’s own penis can be an act of deep care or tenderness.

 

Likewise, each image highlights particularities of each body. There are bodies full of freckles like the surface of certain rocks, light bodies that are more related to the wind or clouds, long bodies like grasses and trees, or solid bodies that go to the ground. Inevitably the forms dialogue, the interaction with the environment emerges effortlessly. The body thus, without clothing or civilizing context, loses differentiation from the animal and is part of the landscape.

 

These photographs tell a story that we do not know, they are scenes of something deeper, a film that remains to be invented and that tells us that, in the middle of plains, the sea and the forest, ultimately the body is the only thing we have and that the natural, what is given, is inevitable.

 

 

 

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