GABRIEL ALTAMIRANO – Argentina

 

Es muy interesante en el trabajo de Gabriel Altamirano cómo las posiciones del cuerpo masculino y su interacción con otros, o no, se vuelven signos de otra cosa, revelan posibles lecturas, como jeroglíficos semi transparentes. De líneas simples y una técnica de sombreado que podría vincularse con bocetos de dibujos renacentistas, dado el cruce de finas líneas para generar volúmenes como en un estudio anatómico, estas ilustraciones de fondo blanco o con materialidad propia -cuando están hechas con lápiz 3D-, nos invitan a ver más allá de la imagen misma.

 

De la técnica en lápiz sobre papel, encontramos signos de ternura, de crecimiento y libertad. La posición de los cuerpos compone las imágenes en una danza reflexiva o comunicacional, que a la vez es lucha. Algunas veces, si hay dos sujetos, el cuerpo puede ser tanto otro como el mismo sujeto repetido, luchando contra sí mismo, tratando de entenderse o queriéndose. Esas posiciones de lucha son, de alguna manera, posiciones también de comunicación, intentos de conexión. Así, se inmiscuye entre los dibujos, inevitablemente quizás, el autorretrato, el sujeto pensándose, mirándose o peleando consigo mismo.

 

Por otra parte, la técnica con filamentos 3D, una materialidad muy novedosa, nos lleva a pensar en redes de cuerpos interconectados, “cuerpos eslabones” que forman una gran masa social mezclada en una nueva figura, un cuerpo conjunto, a la vez geométrico y orgánico. Paradójicamente, estas tramas hechas con lápiz 3D son tejidos planos, en 2D, atravesables con la mirada, pues podemos ver lo que hay al otro lado, y que, contra una pared, la propia sombra duplicada de las formas completa la obra, nuevamente haciendo aparecer la repetición como algo propio de toda forma de vida: el adentro y el afuera.

 

El uso de dos colores como máximo nos despeja posibles variables erróneas al momento de interpretar estas piezas. Estos dibujos deben mantenerse sencillos para materializar el rito de autoconocimiento que reflejan y que nos llama a mirar los límites de nuestra identidad, incluso de nuestra masculinidad. Son invitaciones a ver cómo el cuerpo aparece como un símbolo de algo más, “un cuerpo que se arma a sí mismo y para con los otros”, como nos dice su autor. Individual y social a la vez. Pareciera que la ternura y el enfrentamiento violento, de besos entre hombres, o tiras y aflojes animales, vinieran del mismo núcleo de voluntad y nos invitaran a re visitarnos, para no perdernos más en la soledad de nosotros mismos.

 

It is very interesting in the work of Gabriel Altamirano how the positions of the male body and its interaction with others, or not, become signs of something else, they reveal possible readings, such as semi-transparent hieroglyphs. With simple lines and a shading technique that could be linked with sketches of Renaissance drawings, given the crossing of fine lines to generate volumes as in an anatomical study, these illustrations have a white background or with their own materiality -when they are made with a 3D pencil-, they invite us to see beyond the image itself.

 

From the pencil on paper technique, we find signs of tenderness, growth and freedom. The position of the bodies composes the images in a reflective or communicational dance, which at the same time is a struggle. Sometimes, if there are two subjects, the body can be as much another as the same repeated subject, fighting against itself, trying to understand itself or loving itself. Those fighting positions are, in a way, also positions of communication, attempts to connect. Thus, the self-portrait, the subject thinking, looking at himself or fighting with himself, intrudes between the drawings, inevitably perhaps.

 

On the other hand, the technique with 3D filaments, a very novel materiality, leads us to think of networks of interconnected bodies, “link bodies” that form a great social mass mixed in a new figure, a joint body, both geometric and organic. Paradoxically, these frames made with a 3D pencil are flat fabrics, in 2D, which can be traversed with the eye, since we can see what is on the other side, and that, against a wall, the shadow of the shapes itself completes the work, again making repetition appears as something proper to all forms of life: the inside and the outside.

 

The use of two colors at most clears up possible erroneous variables when interpreting these pieces. These drawings must be kept simple to materialize the rite of self-knowledge that they reflect and that calls us to look at the limits of our identity, including our masculinity. They are invitations to see how the body appears as a symbol of something else, “a body that arms itself and for others”, as its author tells us. Individual and social at the same time. It seems that tenderness and violent confrontation, kisses between men, or animal tugging and loosening, come from the same core of will and invite us to visit each other again, so as not to lose ourselves any more in the solitude of ourselves.

 

 

 

Instagram: @gabaltam