Identidades, vínculos amorosos y movimientos sociales: la vida en tiempos de redes sociales. | Por Bryan San Martín

 

Identidades, vínculos amorosos y movimientos sociales: la vida en tiempos de redes sociales.

 

El segundo capítulo de Euphoria (HBO) dedicado al proceso que vive Jules desde ese adiós con Rue en el término de la primera temporada, motivó mi columna. En este capítulo Jules habla de sus miedos más profundos, mostrándonos una crisis de identidad en ella. En la intimidad y honestidad de sus monólogos sobre la experiencia trans, ella también confiesa que es enamoradiza y fantasiosa. Expone “cuando vives en una realidad en la que apenas puedes respirar, y a veces tu única bolsa de oxígeno posible, es tu propia imaginación, las relaciones virtuales son mejores que las que se experimentan en persona, porque no te decepcionan tanto, y el 50% lo pone tu cabeza”.

 

Esta afirmación hizo preguntarme y analizar nuestro comportamiento actual con las redes sociales, con las cuales convivimos diariamente. Es claro el hecho de que este nuevo modo de vida digital nos está “moldeando” de una manera alarmante, ya sea para bien o para mal, según como se quiera ver.

 

En esta columna trataré de exponer las repercusiones, beneficios o hasta qué punto nos impulsan en el desarrollo de la identidad personal, como influencian los vínculos y relaciones, pero también los movimientos sociales que se generan en la actualidad en base al funcionamiento de ellas.

 

El aquí estoy: ¿Hasta qué punto las redes sociales impulsan el desarrollo de la identidad personal en nosotros?

La rápida evolución de las redes sociales que se ha dado en la última década nos ha brindado un nuevo mundo en el cual el solo hecho de tomar un dispositivo, descargar una App, o entrar a internet, es desconectarse del mundo “real” y adentrarse a uno “irreal”, mucho más seductor y también peligroso. Porque cuando una persona crea su usuario entra a un mundo virtual donde lo principal, y acá está el hincapié, “es ver y ser visto”.

 

Creer que nos hacemos Facebook solo para buscar amigos perdidos o excompañeros, Twitter para saber de noticias o leer “cosas interesantes”, o Instagram para ver contenido, ¡Es mentira! ¡La realidad es que utilizamos estas redes para que nos vean! Secretamente, estamos diciendo: “aquí estoy”, “mírenme”.

 

Es una necesidad humana constante el hecho de querer ser visto y reconocido por nuestros pares, por eso queremos que todos sepan quiénes somos, pero no aquello que somos realmente; sino cómo queremos ser vistos ahí. Es entonces que le damos una identidad propia o construida a ese personaje virtual que pretendemos ser.

 

Es así como fiscalizamos nuestras actitudes, conductas, pensamientos o sentimientos más íntimos en una red; generando en nosotros nuevas formas de relación y también de control, al convertirse todo esto en un gran espejo es que, al adentrarnos en esta función de exposición en nuestra comunidad digital, comenzamos a copiar e imitar ciertas conductas y patrones de reproducción transformando nuestra cotidianeidad y contenido (imágenes, mensajes, videos) en un modelo construido. Esto, a medida que reproducimos y pasamos de usuario a usuario, es ahí donde las tendencias o modas que se van extendiendo repetitivamente entre perfiles conectados facilita formas específicas de reproducción preocupantes. Comportamientos virtuales más nocivos, más estereotipados, egocéntricos y competitivos. Deseamos competir por la comparación entre iguales o generarnos una idea falsa de lo que realmente somos para aparentar ser feliz como el usuario que admiramos.

 

Nos hemos adaptado a la necesidad de mostrarnos constantemente, generando cantidades no estimadas de frustración: es así como funciona la cultura de los likes, una foto que consigue muchos likes nos genera una gran satisfacción por sentirnos aceptados, pero también una enorme frustración si las expectativas que teníamos no se cumplen con la foto.

 

Pero, ¿por qué estos elementos que antes eran material exclusivo para la confidencia, el secreto e incluso expresiones artísticas, ahora pasan a ser un objeto de exhibición pública, y, por tanto, material para desplegar el voyeurismo social? Porque también, las usamos para echar una mirada en la vida de los demás.

 

Uno de los principales cambios que ha hecho la inclusión de las redes sociales también ha sido la exposición que éstas permiten de la vida privada e incluso íntima. Vivimos pendiente de capturar el momento con el celular, que pasó a ser más importante; que experimentarlo y guardarlo en la retina. Hoy en día es posible observar a una gran cantidad de gente viviendo pendiente de publicar absolutamente todo lo que les sucede, generando una apariencia digna que a su vez engendra en nosotros una satisfacción por aparentar y sentirse aceptado. Compartimos lo que comemos, los sitios a los que vamos de vacaciones o lo que nos divertimos con nuestros amigos, no es de extrañar que los perfiles en redes sociales se conviertan en el diario de abordo de nuestras historias de amor también.

 

Relaciones felices vs. relaciones virtuales

Ten claro que cuando subes la primera foto de ese alguien especial hasta que se convierte en un personaje habitual en tus historias y publicaciones, tus seguidores se convierten en espectadores activos de una relación en la que también participan en esta comunidad digital (les dicen los lindos que están, lo buena pareja que hacen o lo mucho que desean que disfruten de su viaje). Aunque un perfil repleto de felicidad no significa que no haya problemas en el paraíso real.

 

Entonces si tengo una pareja debo decirle a mi comunidad que estoy bien con mi pareja a través de un post que lo valide, ¿será que esta exposición nos sirve para compensar nuestra propia inseguridad? Posiblemente.

 

A mayor grado de ansiedad más visibilidad deseamos tener en las redes sociales, tal vez no sentimos seguros respecto a los sentimientos de nuestra pareja en un plano virtual más que el real creando en nosotros un sentimiento de dependencia hacia lo que los demás piensen de nuestra vida y de nuestra relación en todos sus aspectos, inclusive si nuestras relaciones sentimentales no son del todo así.

 

Lo principal acá es que no debemos condicionar nuestra relación amorosa a nuestros comportamientos en las redes por el simple hecho de que nuestra comunidad acepte, valore y, de paso, envidie tu relación. Si esto ocurre, nos habla que debemos tener una autoestima bastante mala para caer en aquello.

 

He aquí otra de las aristas que debemos abordar respecto a nuestro comportamiento en las redes, las rupturas. Las redes hacen que sea más fácil en el mundo digital. La tecnología de lo inmediato nos permite tomar decisiones a golpe de dedo, por un lado, puedo borrar las publicaciones y eliminar todo rastro de mi relación en un plano digital si siento una pulsión física de ira al terminar que me impulsa a hacerlo, como si con eso eliminase por completo el pasado.

 

Aunque acá lo que no estimamos es que se produce otro tipo de distancia; cuando las parejas terminan lo que hace que no se sienta la ruptura de manera total, es la llamada “distancia virtual” esto implica que siempre algunos de los miembros de esta pareja estarán pendiente de lo que hace el otro, por lo cual si parte de terminar implica una distancia física con aquella persona, aunque estemos lejos esta “distancia virtual” no ocurre en su totalidad con las redes.

 

Por lo cual nuestro duelo no sigue el curso natural que queremos (alejándonos y no queriendo saber de nuestra expareja) seguimos dando vueltas a lo que estarán pensando los demás o cómo me comporto o mi ex.

 

Antes era más fácil; rompíamos las fotos y las cartas de amor, las guardábamos al fondo del cajón y nos permitía que en el momento en el que mi duelo me permitiera abrirlo, podría volverlas a ver y eso significaba que psicológicamente estaba preparado para ello. Lo cual hace aún más evidente para los demás que una relación ha pasado a mejor vida.

 

Ahora, eso es más difícil que suceda, o al menos de forma tan pausada o meditada. Aunque en tiempos de histeria digital, parezca que para reconstruir un corazón triste sea suficiente dar un par de toques en la pantalla, borrar y hacer desaparecer a esa persona de manera digital, los sentimientos que tenemos y eternos como el amor o el sufrimiento no cambian tan rápido como la sociedad líquida que habitamos.

 

Y quizá precisamente por eso sabemos que la realidad está ahí fuera: si levantamos la vista del móvil, encontraremos de verdad mil razones para que el corazón vuelva a latir y deje de ser tan líquido como nuestra sociedad.

 

El renacimiento de los movimientos y el empoderamiento de la comunidad digital

No obstante, también existe el otro lado de la moneda. Lo que hace que estas redes sociales sean tan fascinantes, es que también contribuyen a mostrar los problemas latentes que nos rodean como sociedad. Y es a partir de ahí, que las redes nos muestran un lado distinto (amable) que no habíamos visto (el de intentar accionar a otros para colaborar) compartiendo una foto, una publicación, o un dato con toda su comunidad buscamos “contribuir” a la resolución de un problema o injusticia y no ser parte de ello. Es ahí donde encontró su nicho los movimientos y causas sociales ignoradas durante años por el sistema y que hoy son la razón de nuestras luchas: el feminismo, la desigualdad, los abusos sexuales, el racismo, la homofobia, la violencia, el poder político, entre otros.

 

La gran mayoría de los movimientos sociales que se generaron en la actualidad basan su funcionamiento y su apoyo en las redes sociales. Están construidos por una comunidad que vive con una amplia facilidad los avances tecnológicos; es decir, sus redes son fundamentales para que estos movimientos movilicen, organicen, deliberen, coordinen y decidan a los miembros de éstos. Permitiéndonos intercambiar ideas y pensamientos que nos ayudan a llegar a todos al mismo nivel de empatía: y si bien no llegan a los medios de comunicación tradicionales se hacen ver mediante la ocupación y suelen manifestarse en espacios urbanos las manifestaciones, o las llamadas denuncias sociales como “funas” existen de manera continua y activa, pero más aún a través de las redes sociales.

 

Para concluir, es tiempo de que como sociedad hagamos un uso medido de estas redes y nos detengamos a mirar a nuestro alrededor, siendo empáticos, contribuyendo con alguna causa social que nos ayude a llegar a realizar algún cambio; dejando atrás el odio y las críticas; debatiendo y compartiendo opiniones. Y si es necesario, realmente debemos preguntarnos, por ejemplo, si haciendo ese clic para compartir una publicación, imagen, etc., se cuestiona de qué manera nos comprometeríamos realmente, si a través de una pantalla o siendo participe de los hechos.

 

Bien usadas, entonces, nuestras redes sociales pueden también guiarnos hacia esa persona que queremos ser o mostrar en una red social. A partir de la construcción de todo aquello que mostramos creando una identidad propia se puede decir, por lo tanto, que las redes sociales no necesariamente nos bloquean y nos obligan a imitar a los demás usuarios, frenando nuestro desarrollo de la identidad; sino también nos ayudan a ver cómo es que nos gustaría que nos vieran, empujándonos a ser como esa persona. Es decir, nos ayudan a saber cómo queremos ser.

 

Nuestra búsqueda de aceptación es algo inherente al ser humano. Todos nos sentimos mal si nos critican y bien si nos elogian; sin embargo, las redes han amplificado la distorsión entre cómo nos percibimos nosotros y cómo lo hacen los demás. Por lo cual, es necesario analizar cómo somos afectados por las redes sociales, porque hemos confiado en ellas el superpoder de hacernos sentir bien o, todo lo contrario, evitando en primer lugar como nos sentimos nosotros con aquella parte de nuestra identidad personal que estamos mostrando.

 

La única manera en que nos damos cuenta lo que deseamos que otros vean de nosotros, es la manera también de darnos cuenta el tipo de comportamiento que tenemos con ellas y como aquello nos puede ayudar a reflexionar hacia dónde queremos llegar en la definición de nosotros, nuestros vínculos y nuestras luchas sociales y no hacer que esta hiperconectividad en la que vivimos nos lleve a desconectarnos.

 

Al final, todo cambio, comportamiento o fenómeno que se vaya dando con nuestra tecnología y las redes sociales en cada generación es una ayuda para saber qué nos depara el futuro y cómo queremos que sea para las futuras generaciones.

 

Artículo:  Bryan San Martín

Fotografía: Oscar Milano

 

Identities, love ties and social movements: life in times of social networks.

 

The second chapter of Euphoria (HBO) dedicated to the process that Jules has experienced since that goodbye with Rue at the end of the first season, motivated my column. In this chapter Jules talks about her deepest fears, showing us an identity crisis in her. In the intimacy and honesty of her monologues about the trans experience, she also confesses that she is infatuated and fanciful. She exposes “when you live in a reality in which you can barely breathe, and sometimes your only possible oxygen bag is your own imagination, virtual relationships are better than those experienced in person, because they don’t disappoint you so much, and 50 % puts your head”.

 

This statement made me wonder and analyze our current behavior with social networks, with which we live daily. It is clear that this new digital way of life is “shaping” us in an alarming way, either for better or for worse, depending on how you want to see it.

 

In this column I will try to expose the repercussions, benefits or to what extent they drive us in the development of personal identity, how links and relationships influence, but also the social movements that are currently generated based on their operation.

 

Here I am: To what extent do social networks promote the development of personal identity in us?

The rapid evolution of social networks that has occurred in the last decade has given us a new world in which the mere fact of taking a device, downloading an App, or going online, is to disconnect from the “real” world and enter to an “unreal” one, much more seductive and also dangerous. Because when a person creates his user, he enters a virtual world where the main thing, and here is the emphasis, “is to see and be seen”.

 

To believe that we created a Facebook account just to look for lost friends or former colleagues, Twitter to find out about news or read “interesting things”, or Instagram to see content, it’s a lie! The reality is that we use these networks to be seen! Secretly, we are saying: “here I am”, “look at me”.

 

It is a constant human need to want to be seen and recognized by our peers, that is why we want everyone to know who we are, but not what we really are; but how we want to be seen there. It is then that we give an identity of our own or built to that virtual character that we pretend to be.

 

This is how we control our most intimate attitudes, behaviors, thoughts or feelings in a network; generating in us new forms of relationship and also of control, when all this becomes a great mirror is that, by entering this exhibition function in our digital community, we begin to copy and imitate certain behaviors and reproduction patterns, transforming our daily lives and content (images, messages, videos) in a built model. This, as we reproduce and go from user to user, is where trends or fads that are repeatedly spreading between connected profiles facilitate worrying specific forms of reproduction. More harmful, more stereotyped, egocentric and competitive virtual behaviors.

 

We want to compete for the comparison between equals or to generate a false idea of ​​who we really are to appear to be happy as the user we admire.

 

We have adapted to the need to constantly show ourselves, generating unappreciated amounts of frustration: this is how the culture of “likes” works, a photo that gets many “likes” generates great satisfaction for feeling accepted, but also enormous frustration if expectations that we had are not met with the photo.

 

But, why do these elements, which were previously exclusive material for confidentiality, secrecy and even artistic expressions, now become an object of public display, and, therefore, material to display social voyeurism? Because also, we use them to take a look at the lives of others.

 

One of the main changes that the inclusion of social networks has made has also been the exposure that they allow of private and even intimate life. We live pending to capture the moment with the cell phone, which happened to be more important; than to experience it and store it on the retina. Today it is possible to observe a large number of people living pending publication of absolutely everything that happens to them, generating a dignified appearance that in turn generates in us a satisfaction for appearing and feeling accepted. We share what we eat, the places we go on vacation or what we have fun with our friends, it is not surprising that profiles on social networks become the logbook of our love stories as well.

 

Happy relationships vs. virtual relationships

Be clear that when you upload the first photo of that special someone until they become a regular character in your stories and publications, your followers become active viewers of a relationship in which they also participate in this digital community (the cute ones tell them they are, how good a couple they make or how much they want them to enjoy their trip). Although a profile full of happiness does not mean that there are no problems in the real paradise.

 

So if I have a partner, I should tell my community that I’m fine with my partner through a validating post, could this exposure help us to compensate for our own insecurity? Possibly.

 

The higher the level of anxiety, the more visibility we want to have on social networks, perhaps we do not feel secure about our partner’s feelings on a virtual plane rather than the real one, creating in us a feeling of dependence on what others think of our life and of our relationship in all its aspects, even if our romantic relationships are not quite like that.

 

The main thing here is that we should not condition our love relationship to our behaviors in the networks for the simple fact that our community accepts, values ​​and, incidentally, envies your relationship. If this happens, it tells us that we must have a bad enough self-esteem to fall into that.

 

And here is another of the edges that we must address regarding our behavior in the networks, the ruptures. Networks make it easier in the digital world. The technology immediately allows us to make decisions at the stroke of the finger, on the one hand, I can erase the publications and eliminate all traces of my relationship on a digital level if I feel a physical impulse of anger at the end that prompts me to do so, as if with that completely eliminate the past.

 

Although here what we do not estimate is that there is another type of distance; When the couples finish what makes the break not feel completely, it is the so-called “virtual distance”. This implies that some of the members of this couple will always be aware of what the other is doing, so if part of ending implies a physical distance with that person, although we are far away this “virtual distance” does not occur entirely with networks.

 

Therefore, our grief does not follow the natural course we want (moving away and not wanting to know about our ex-partner) we continue to think about what others are thinking or how I behave or my ex.

 

Before it was easier; We tore up the photos and love letters, we kept them at the bottom of the drawer and it allowed us that the moment my grief allowed me to open it, I could see them again and that meant that psychologically I was ready for it. Which makes it even more apparent to others that a relationship has passed away.

 

Now, that is more difficult to happen, or at least in a slow or thoughtful way. Although in times of digital hysteria, it seems that to rebuild a sad heart it is enough to tap on the screen, erase and make that person disappear digitally, the feelings we have and eternal such as love or suffering do not change. as fast as the liquid society we inhabit.

 

And perhaps that is precisely why we know that reality is out there: if we look up from the phone, we will really find a thousand reasons for the heart to beat again and stop being as liquid as our society.

 

The rebirth of movements and the empowerment of the digital community

However, there is also the other side of the coin. What makes these social networks so fascinating is that they also help to show the latent problems that surround us as a society. And it is from there, that the networks show us a different (friendly) side that we had not seen (that of trying to trigger others to collaborate) by sharing a photo, a publication, or a piece of information with the entire community we seek to “contribute” to the resolution of a problem or injustice and not be part of it. This is where the social movements and causes ignored for years by the system and that today are the reason for our struggles found their niche: feminism, inequality, sexual abuse, racism, homophobia, violence, political power, among others.

 

The vast majority of social movements that were generated today base their operation and support on social networks. They are built by a community that lives with great ease the technological advances; In other words, their networks are essential for these movements to mobilize, organize, deliberate, coordinate and decide their members. Allowing us to exchange ideas and thoughts that help us reach everyone at the same level of empathy: and although they do not reach the traditional media, they are made visible through occupation and demonstrations, or so-called social complaints, exist continuously and actively, but even more so through social networks.

 

To conclude, it is time that as a society we make a measured use of these networks and we stop to look around us, being empathetic, contributing to some social cause that helps us to make some change; leaving behind hatred and criticism; debating and sharing opinions. And if necessary, we really must ask ourselves, for example, if clicking to share a publication, image, etc. It is questioned in what way we would really commit ourselves, if through a screen or by participating in the events.

 

Well used, then, our social networks can also guide us towards that person we want to be or show in a social network. From the construction of everything that we show by creating our own identity, it can be said, therefore, that social networks do not necessarily block us and force us to imitate other users, slowing our development of identity; they also help us to see how we would like to be seen, pushing us to be like that person. In other words, they help us to know how we want to be.

 

Our search for acceptance is inherent to the human being. We all feel bad if they criticize us and good if they praise us; however, networks have amplified the distortion between how we perceive ourselves and how others do. Therefore, it is necessary to analyze how we are affected by social networks, because we have trusted in them the super power of making us feel good or, on the contrary, avoiding in the first place how we do not feel with that part of our personal identity that we are showing.

 

The only way in which we realize what we want others to see of us, is the way also to realize the type of behavior we have with them and how that can help us reflect on where we want to go in defining ourselves, our ties and our social struggles and not making this hyperconnectivity in which we live lead us to disconnect.

 

In the end, any change, behavior or phenomenon that occurs with our technology and social networks in each generation is a help to know what the future holds and how we want it to be for future generations.

 

Article:  Bryan San Martín

Photography: Oscar Milano